Que firme tu esperanza, que serena confianza en la historia, mujer, cuando fuiste llamada para un combate tan cruel y renunciaste a tu ser y te olvidaste de ti para empezar a vivir, para empezar a vivir. Tú, que has sabido crecer, y dar cada día tu fe, tu constancia y valor, con el orgullo de ser capaz de en silencio luchar y amar. Tu historia no termina, tu nombre se confunde en el pueblo, mujer. Tu verdadero rostro y tu sonrisa más fiel, la que no puedes mostrar el pueblo la ha de guardar hasta que puedas volver, hasta que puedas volver